Hoy: Héctor Canji

Cara a Cara: “Recuperar la cultura del trabajo para no ser un país partido al medio”

Por Kelo Molas


Músico, actor, abogado y de reconocida militancia política. Un hombre polifacético, de esos que integran el lote de “buenos tipos” en la consideración de la gente. Así en el escenario como en la vida: sin guardarse nada, diciendo lo que siente y lo que piensa; aunque resulte incómodo para algunos.

Hoy, ya jubilado, disfruta de sus días junto a Cristina, menciona a sus cuatro hijos (“dos del corazón”) y a su nieto, dejándonos una frase dicha con mucho sentimiento: “Estoy en paz con la vida”.

Nos habló de sus padres Carmelo y María Felipa, ambos inmigrantes italianos. Como muchos, un día vino a Catamarca “por unos meses” y se quedó para siempre. Se llama Héctor Canji y nos deja su pensamiento en el Cara a cara de este domingo.

 

  Hay pasiones que forman parte de su vida: el teatro, la política y la música, entre otras. Por estos días se lo ve sobre las tablas junto a Jovita Fernández protagonizando “Pido gancho, la historia de Carlitos y Violeta”.

  Así es. Hay dos pasiones que nacieron casi de manera paralela: el teatro y la música. Cuando era muy joven, aclaro. Empecé con los grupos juveniles de la parroquia, cuando vivía en Mataderos, Buenos Aires. Teníamos una villa miseria cercana y nos juntábamos en la parroquia con los chicos de la villa; allí dábamos catecismo  y a veces íbamos al viejo hospital Piñero, en algunas fechas significativas, a cantarles algo a los enfermos. Esto lo hacíamos con mucho placer y forma parte de los más lindos recuerdos, por lo que significa cantarles a los enfermos, a los viejos. Por eso la obra que ahora estamos haciendo con Jovita me gusta tanto. Es una comedia musical que tiene que ver con los chicos y con los viejos. En cuanto a la música, me gustaba tocar la batería y como no tenía un mango, lo primero que compré fueron los palillos; después tuve una pandereta de unos 30 centímetros de diámetro con parche, con lo cual hacía percusión. Estaban también un acordeonista y un chango que tocaba la guitarra. Tenía por ese entonces unos 16 años.

 

  Todo de pura vocación.

  ¡Sí! El teatro que hicimos vocacionalmente, lo hicimos prácticamente sin mantener las reglas normales del teatro. Después fui, en Buenos Aires, a una escuela de teatro que estaba en el barrio de Flores; luego me gustó la música y me volqué a ella íntegramente. Pero cuando vine a Catamarca, en el ´85, tomé contacto con Héctor Pianetti y Miguel Chanampa. Ellos estaban con el tema del taller de teatro, pero por mi actividad no pude engancharme de inmediato. Yo ya era abogado y me vine a trabajar a Catamarca como delegado de la entonces obra social de los rurales (Issara).

 

  También aquí tuvo protagonismo en la función pública.

  Cuando ganó el Frente Cívico y Social, en el ´91, me instalé definitivamente en Catamarca; (Aníbal Castillo) don Arnoldo me convocó para integrar el equipo de conducción del IPPS (Instituto Provincial de Previsión Social), donde estuve como secretario de la intervención que presidía la Dra. Elsa Bosch. Posteriormente, conocí a una gran persona como don Alberto Filippin, quien me propuso ante don Arnoldo para hacerme cargo de la Obra Social (OSEP), donde estuve desde octubre del ´92 hasta octubre del ´95. También en el ´95 fui subsecretario de Acción Social cuando era ministro de Salud Víctor Castillo. En diciembre del ´97 volví a la OSEP, hasta diciembre del ´99, cuando me eligieron concejal capitalino. En el 2003 entré a la cámara de Diputados como asesor y al poco tiempo fui nombrado secretario parlamentario hasta diciembre del 2007. Finalmente, convocado por el Dr. (José) Cáceres, fui nombrado director de Prensa y Ceremonial de la Corte de Justicia de Catamarca, hasta que me jubilé en julio del año pasado.

 

  Volvamos a la música, su otra pasión. 

Recuerdo cuando me decían que yo era abogado y músico. Yo les respondía: “no…no…soy músico, después abogado. En la etapa inicial  con el grupo que integraba tocábamos lo que hoy le llaman cover, música de Creedence Clearwater Revival. Yo era baterista y cantaba. Luego, en el año ´74 me convocó Johnny  Allon para integrar el conjunto que se llamaba “Caballo Vapor”, que fue un conjunto que forma parte de la historia del rock nacional: hicimos algunos discos con ese grupo, incluso hay dos temas de mi autoría. Después, a mediados de la década del ´70, volví a integrar grupos de rock de los que llamábamos, esos grupos subterráneos que actuaban en salas chiquitas. Uno de esos grupos se llamaba “Lulú”, que si bien tuvo poca repercusión en el ámbito musical, sacó un disco que, digamos, hoy es un disco de colección y que de alguna manera formamos parte –ya en los ´80- del fenómeno lo que luego pasó a llamarse el heavy metal. En 1980 me recibí de abogado, me casé y paulatinamente fui dejando la música.

 

  ¿Por qué Catamarca?

  Por haber trabajado para la obra social de los rurales, prácticamente conocía casi todo el país, pero no conocía Catamarca ni La Rioja. En el ´81 me proponen hacerme cargo de la delegación de San Luis, pero por cuestiones familiares no acepté. Llegó el ´83, cuando (Raúl Ricardo) Alfonsín ganó la presidencia. Por mi militancia radical, el entonces presidente de Issara me contó que el delegado en esta provincia había tenido un problema serio de salud y me propuso hacerme cargo de la delegación local por unos cuatro o cinco meses. Y me vine a Catamarca. Llegué en agosto del ´85 y, en honor a la verdad, me cambió la cabeza. El cambio de ritmo de vida, el llegar al mediodía y saber que podía comer en mi casa, descansar un rato y volver a trabajar, fueron cosas que me indicaron que se podía vivir de otra manera. Lo primero que me llevaron a conocer fue El Jumeal y, como buen porteño, llegué mareado a la parte alta. Me enamoré de Catamarca y por mi trabajo conocía casi todo el interior de manera muy rápida: particularmente las zonas del Este y el Oeste. Cuando desde Issara me preguntaron que quería hacer un tiempo después, elegí quedarme en Catamarca.

 

  ¿Es consciente de que forma parte de ese lote de “buenos tipos” cuando se lo menciona? ¿Cómo le cae que la gente tenga esa consideración de su persona?

  Yo tengo esa imagen de mi viejo, que allá en el barrio en Buenos Aires era simplemente “Don Carmelo”. Cuando nos dejó, hace 21 años, los vecinos no solamente nos acompañaron todos sino que también nos dejaban la expresión “¡qué buen tipo fue Don Carmelo!” Recuerdo que era un hombre muy pacífico, alguien que transmitía mucha paz, mucha calma. Diría que nunca lo escuché decir una mala palabra. Si alguien tiene una buena consideración de mi persona, bienvenido sea en honor a la memoria de mi padre. Te voy a contar algo: cuando era candidato a concejal en el ´99, le decía a la gente: Lo único que les prometo es que ésta no va a ser la última vez que me van a ver; voy a volver siempre para que juntos nos pongamos en la tarea de solucionar los problemas del sector. Nunca les mentí prometiéndoles trabajo y esas cosas. 

 

  ¿Un personaje que le signifique algo importante en Catamarca?

  Don Arnoldo Castillo. Un personaje que siempre me llamó la atención y por quien guardo un gran cariño y respeto. No era de mucho hablar, pero decía lo justo y necesario. Y era, por sobre todas las cosas, un hacedor, un indiscutido hacedor de sueños propios y de sueños de la gente.

 

“La UCR fue bajando banderas poco a poco”

  Apelando a su reconocida militancia radical, le preguntamos sobre cómo veía, hoy por hoy, la situación de la UCR catamarqueña. Esta fue su respuesta: “Tuve mi afiliación partidaria suspendida cuando entré a trabajar en el Poder Judicial. Sin embargo, siempre mantuve contacto con el partido, en especial con mis amigos, con los que había compartido tantas cosas. En la UCR de Catamarca fui cinco veces presidente de la Junta Electoral y también presidente de la Convención. Yo viví un radicalismo en épocas difíciles, como cuando estaba Ramón Saadi en el poder. Ciertamente era  muy difícil ser radical en aquella época. Viví la primera etapa del FCS, colaboré con su conformación, colaboré fundamentalmente en los períodos que estuvo don Arnoldo Castillo. Me tocó ser concejal por el FCS en una época de crisis –año 2000-, pero respecto a la pregunta, creo que el radicalismo fue perdiendo banderas, fue bajando banderas poco a poco, sobre todo en el orden nacional. En Catamarca, el radicalismo fue un partido fuerte, pero creo que todo cambió a partir de la pérdida de algunos valores, como el contacto con la gente, sobre todo en la última etapa en la que fuimos gobierno, cuando empezamos a fallarle a la gente. Cuando le fallás a la gente, la gente empieza a dudar de todo lo que le decís, te mira de otro modo. De cualquier manera sigo estando cerca del partido; ahora en Valle Viejo doy una mano cuando puedo. Pero ahora que estoy jubilado, seguramente voy a tratar de volver a la actividad política partidaria, pero todavía no hablé con nadie. Pertenecí y pertenezco a la línea Celeste; aquí en Valle Viejo predomina la línea del Mira. Tampoco se sabe puntualmente quién es quién, todo está muy mezclado, encima apareció Cambiemos en el medio, algunos radicales son más de Cambiemos que del propio radicalismo”. Ante otra consulta, nuestro entrevistado respondió sin dudar: “Nunca me gustó la alianza UCR-PRO, ni me gusta tampoco, es una opinión personal. El radicalismo siempre fue un partido de perfil social demócrata, de centro-izquierda. Uno puede acceder a conformar una alianza con pretensiones de modificar una realidad imperante, una realidad dura como la que veníamos padeciendo al final del mandato de Cristina de Kirchner, pero…no sé…se hubiera buscado otra manera. Ya con algunos años encima, esto me suena tanto a lo aparecido, a lo que pasó…esto de volver a las recetas neoliberales y al endeudamiento. ¡No nos podemos seguir endeudando porque lo van a terminar pagando nuestros hijos! Esto no tiene un componente que le permita a la sociedad ilusionarse o esperanzarse que el cambio pueda ser inminente o que pueda ser a corto plazo. Si vos escuchás al presidente en un discurso y lo escuchás hablar después, no sé…es como que son dos personas distintas. Y esto lo digo desde el corazón: porque desde el primer momento dijeron ´sí, se puede´. Pensé que se podían cambiar las cosas. Se hacen cargo del gobierno, nos hablan de un segundo semestre, después de un segundo año y ahora tiran para más adelante. Todos sabemos que arreglar el país puede llevar muchas generaciones. A los argentinos nos está haciendo un gran pacto social, algo que nos permita decir que los empresarios van a ganar bien, pero ¡por favor! Que también ganen bien los maestros, los jubilados; que nuestros chicos puedan salir de esa asignación universal, que en definitiva es un anclaje, algo así como una manera de someterlos a devolver favores con votos. Buscar algo parecido a un ideal: que todos tengan posibilidades laborales dignas. Lo juro: no recuerdo un día que mi padre, inmigrante italiano como mi madre, no haya ido a trabajar para darnos de comer y posibilidades de estudiar a los tres hijos. Mi padre era electricista. Si no recuperamos la cultura del trabajo vamos a terminar siendo un país partido al medio”.

 

De aquel baterista a este actor

No faltó la expresión “¡qué tiempos aquellos!”, cuando Héctor nos muestra una foto en la que lucía el pelo largo. Época en la que era baterista del grupo “Caballo Vapor” (años ´74 al ´76), cuyo líder era Johnny Allon, el mismo que tiene un programa musical los fines de semana por Canal 26.

Otra fotografía de los años jóvenes lo muestra caminando junto a sus compañeros de los grupos under de aquellos momentos: Lulú, Rayo X o Magma. En la parte teatral, en la actualidad pisa los escenarios de la provincia junto a la reconocida actriz Jovita Fernández protagonizando “Pido gancho, la historia de Carlitos y Violeta”. No se olvida de “Los excluidos del siglo XXI, con un referente del teatro y la cultura como es Héctor Pianetti, obra en la que personifica a Marx.

Otro grato recuerdo es la realización teatral “Los Mirasoles”, en la que hace de abuelo de la actriz Luciana Jerez. Y sigue la lista de obras y actores. Al final, no podía faltar la frutilla del postre: nos cuenta que tuvo un pequeño papel en la película “Una especie de familia”, de Diego Lerman, ganadora como mejor film en el Festival de Chicago.

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